El pinar, los pinares, acabarán siendo –si nadie lo remedia- un vertedero entreverado de urbanizaciones. En mi último paseo me encontré un jergón de hierro, una cocina de gas, dos persianas, un sillón de mimbre, un montón de patatas podridas, media docena de botes de detergente, un pantalón de deporte de color añil, unas bragas con puntilla (¿?), un cubo de fregar, una escoba partida, un colchón desventrado, el esqueleto de una lavadora, una butaca de coche, el forro de una butaca de coche, y un número incalculable de botellas de vidrio, envases de plástico, bolsas de aperitivos, condones, cajas de condones y papeles de toda laya y condición.
.
Fragmento de Los pinares de José Felix Sobrino